Ya estamos de regreso a clases. Las vacaciones de verano han concluido y es un momento esperado por muchos padres de familia trabajadores. ¿Será porque junto con las vacaciones se esfuma la preocupación de cómo alimentar y cuidar a nuestros hijos? Ellos regresan a clases y nosotros disfrutamos nuevamente de nuestra rutina cotidiana, pero debemos considerar que la transición entre el periodo vacacional y el escolar para los niños es dura, sobre todo cuando se trata de su régimen alimenticio. Lo anterior cuestiona lo siguiente: ¿El hecho de que las comidas escolares hayan sido modificadas, significa que debemos despreocuparnos por lo que nuestros hijos comen en la escuela?... La respuesta es NO... Si realmente creemos que un niño es capaz de tomar buenas decisiones sobre la cantidad y calidad de los alimentos que ingieren, tenemos mucho camino por recorrer.
Tomemos en cuenta que los niños aprenden principalmente con nuestro ejemplo como padres, maestros, hermanos, y amigos. Tomar buenas decisiones no es una cualidad innata, por lo tanto, no podemos esperar que ellos sepan qué alimentos son los adecuados para su cuerpo. Tampoco podemos culpar a las escuelas, y mucho menos a ellos mismos cuando presentan sobrepeso. Es común que los niños aumenten de peso durante el verano, ya que la falta de actividad suele convertirse en ocio y éste conlleva a una ingesta elevada de kilocalorías (energía), especialmente si en nuestras casas abunda la comida “chatarra.” Entonces preguntémonos: ¿Qué tanto ayudarán, o cómo es que contribuirán las modificaciones de comidas escolares a la salud de nuestros hijos?
Se han eliminado los refrescos y algunas comidas “chatarra,” lo cual permite controlar un poco la calidad del alimento escolar. Sin embargo, los maestros y los padres de familia no podemos controlar la cantidad de alimento que consumen los niños en la escuela. Como padres, podemos controlar la que se consume en casa, e instruir a los niños para que aprendan a consumir alimentos saludables en cantidades adecuadas evitando la sobrealimentación. Si durante el día existe un desequilibrio entre la ingesta de kilocalorías y el gasto energético individual de cada niño, al consumir alimentos saludables en cantidades inadecuadas el sobrepeso es inevitable. Ahora sumemos los efectos secundarios del sobrepeso: Obesidad, Diabetes Mellitus, Hipertensión, Síndrome Metabólico, etc.
¿Qué hacer para prevenir la sobrealimentación, sobrepeso, y obesidad? Programarnos como padres para ayudarlos a mantener un estilo de vida disciplinado y estable durante su tiempo libre. Esto se logra mediante la planeación de actividades, establecimiento de horarios fijos de comidas, y control de disponibilidad y selección de los alimentos que ingieren; pero lo mas importante es ejemplificar la conducta. Como padres y maestros, tenemos el deber de instruirnos sobre nutrición, y así transmitir nuestros conocimientos a futuras generaciones. He ahí la realidad sobre la función de la nutrición como medicina preventiva.
La manera más sencilla de balancear las comidas es trabajando con porcentajes de macronutrimentos (Carbohidratos, Proteínas, Grasas), combinar estos tres en cada comida y/o colación, e incluir 4 ó 5 comidas pequeñas/moderadas en nuestro régimen alimenticio diario. Por ejemplo, un alimento que contiene más de 30% de kilocalorías en grasa, es un alimento alto en grasa y no un alimento balanceado. Identificar los alimentos altos en grasa y carbohidratos, y bajos en proteína, sería la primera tarea para definir si un alimento es saludable o no. Los alimentos de bajo índice glucémico y ricos en proteínas son bajos en calorías y ayudan a mantener un estado de saciedad prolongado, ésto es lo que hay que buscar… Ahora hay que proponernos el reto de aplicar las buenas bases y no seguir contribuyendo al sobrepeso y obesidad infantil.
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